A diferencia de los diamantes, donde la perfección se mide por la ausencia total de defectos, en las esmeraldas la perfección es carácter y vida. Sin embargo, para realizar una inversión inteligente, es vital entender qué define el precio de una gema.
En Miccar Craffmens, aplicamos criterios estrictos de selección antes de montar cualquier piedra en nuestras joyas de oro o plata. Aquí le enseñamos los 3 pilares fundamentales que todo coleccionista debe conocer:
El color representa aproximadamente el 50% del valor de una esmeralda. Pero, ¿qué buscamos exactamente?
En Colombia, a la transparencia le llamamos "Cristal". Una esmeralda puede ser muy verde, pero si es opaca o turbia ("ciega"), su valor comercial baja drásticamente.
Las esmeraldas más finas son aquellas que permiten que la luz viaje a través de ellas, rebotando en sus facetas internas y devolviendo destellos. A esto le llamamos "Vida" o "Fuego". Una esmeralda pequeña pero cristalina puede valer más que una grande pero opaca.
Las inclusiones internas son llamadas poéticamente por los gemólogos franceses como "Jardin". Estas marcas son la huella digital de la naturaleza; garantizan que la piedra nació en la tierra y no en un laboratorio.
Lo que buscamos en Miccar no es la ausencia total de jardín, sino que este sea sutil y no afecte la durabilidad ni bloquee el paso de la luz en el centro de la gema (la "mesa").
Aquí es donde entra nuestra experiencia como talladores. Una esmeralda en bruto puede tener un color excelente, pero una mala talla puede "matar" su color (dejándola con "ventanas" transparentes) o dejarla oscura.
Nuestros maestros deciden milimétricamente cada ángulo para maximizar la refracción de la luz, logrando que la piedra muestre su mejor versión. Al comprar en Miccar, usted paga por una talla de precisión que eleva el valor de la gema.
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